lunes, 20 de abril de 2015

Dormir.

           


              Se pasaba los días durmiendo porque esa era la única manera que tenía para evitar pensar. Dormía a todas horas para huir de su realidad, del dolor, del inmenso color gris que era su vida. Porque su vida era eso: una gran paleta llena de tonos grises donde no había lugar para otros colores. Dormía porque en sus sueños el cielo tenía un azul brillante, el pan olía siempre a recién hecho, las flores eran una orgía de colores y el césped de su jardín, por una vez, era más verde que el de sus vecinos.

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