lunes, 27 de abril de 2015

El frutero.

         

         Siempre que piensa en ella la imagina con el pelo húmedo, envuelta en un albornoz blanco, andando de puntillas por el pasillo de su casa, dejando tras ella las pequeñas huellas de sus pies mojados y un olor a fresco, a cuerpo recién duchado. Nunca la había visto así. De hecho, jamás la había visto fuera del entorno neutro del supermercado. Ella venía a diario y le daba la fruta que iba a llevar para que se la pesara. Él le hacía trampas a la empresa y levantaba un poco la bolsa en la pesa para que le costara menos. Ella jamás se fijó en él. Solo tenía ojos para los kiwis, las naranjas y los plátanos. Él solo mantenía la ilusión de ir al trabajo para poder verla a ella.

No hay comentarios: