martes, 28 de abril de 2015

Happy end.


                        El solo quería un final feliz para su historia. Sí, un final al estilo del viejo Hollywood, donde no importaba lo que pasara a lo largo de su vida porque, al final, un giro del guión  lo resolvería todo y tendría perdices en su cena para comerlas contento. Siempre creyó que la redención era posible. Siempre confió en que un golpe de suerte final enderezara tanto entuerto. Siempre esperó ese milagro. Hasta hoy.  Los sueños también tienen fecha de consumo preferente.