miércoles, 29 de abril de 2015

Muecas.


                Tenía su casa llena de espejos retrovisores. Solo los del lado izquierdo, todos de coches blancos. Trajo el primero la noche en que se conocieron. Iban por las calles corriendo de la mano, riéndose y haciéndose muecas en los espejos de los coches. Eligieron aquel porque se vieron especialmente guapos en él. Ahora sigue mirándose en los espejos que quita de los coches blancos que aparcan en su calle. Se mira y hace muecas tratando de encontrar de nuevo en ellos su cara junto a la de él.

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