lunes, 25 de mayo de 2015

Certezas.


                 Siempre se decía a sí mismo que algún día, cualquier mes, al doblar una esquina o mientras tomaba un café en cualquier terraza, la vería y por fin encontraría ese amor que llevaba toda la vida esquivándole. Esa creencia lograba que cada mañana se pudiera levantar con una dosis casi enfermiza de optimismo y se pudiera enfrentar a una vida tan gris y anodina que, de no ser por eso, no hubiera podido soportar. Ese fue el único consuelo que tuvo en sus últimos momentos. Pensó que, si no la había encontrado en este mundo, la encontraría sin duda en el otro. Y con esa certeza y una sonrisa en los labios, saltó al vacío.

1 comentario:

Inma Flores dijo...

Uff... tremenda decisión. Hay que sentirse con un amalgama de dolor y deseos de libertad. Consigues atrapar al lector en un relato tan cortito... El día que hagas una novela, imagino... Felicidades.