miércoles, 27 de mayo de 2015

El cartero y María.



                Recibía una postal con palabras de amor cada viernes desde hacía dos años. Esperaba con alegría el momento en el que el cartero tocaba en su puerta para dársela en mano. Eran postales de muchas ciudades y de diferentes países, y en todas, el remitente escribía una única frase: "Me gustaría que estuvieras siempre a mi lado". Casi desde el primer momento invitó a café al cartero y hablaban del amor, de los deseos, de los miedos y de los imponderables. Ella insistía que todo se podía superar con el tiempo si había voluntad y paciencia. Él dudaba sobre las circunstancias de la vida. Afirmaba que, a veces, estas circunstancias impedían que la voluntad se impusiera a la realidad. Y en medio de los dos, la postal con la frase: "Me gustaría que estuvieras siempre a mi lado". 
             Este viernes la postal se la trajo un cartero diferente. Anselmo había pedido el traslado a otro pueblo. Nadie se tomó el café con ella ese día y nunca más recibió una postal que le dijera que le gustaría que estuviera allí, a su lado.

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