miércoles, 20 de mayo de 2015

El telonero.


                Había enmarcado y colgado en el salón, justo encima de una urna vacía, como si de un trofeo se tratara, la papeleta electoral de las pasadas elecciones donde aparecía su nombre. Era el objeto de su orgullo y presumía con ella ante las visitas que recibía en casa. Lo hacía con falsa modestia, claro, como quitándole importancia al hecho, a pesar de que era el centro de la decoración de la habitación. Decía, medio en serio, medio en broma, que su papel en esas elecciones había sido el del telonero del artista que encabezaba el cartel. Solo la quitó cuando el hijo de su nueva novia le dijo que ocupar el lugar veinte en una lista de veinticinco no era ser el telonero del concierto sino el tramoyista del teatro.
               Ahora busca un nuevo objeto de decoración que supla el hueco de la papeleta y la urna vacía y, de paso, también una nueva novia. A poder ser, sin hijos impertinentes esta vez.

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