viernes, 29 de mayo de 2015

Resaca.


                Dejó de beber el día que amaneció tirado en el pasillo de su casa, orinado en los pantalones y sin recordar apenas nada de las horas anteriores. O tal vez fuera de los días anteriores, no podía recordar nada de manera concreta. Solo le venían retazos, imágenes brumosas, como su cerebro. Dejó la bebida así, de repente, haciendo una machada, consciente de que lo iba a pasar mal durante un tiempo. Pero eso ya no le importaba. Solo quería dejar de beber porque ese día, cuando despertó orinado y gimiendo de dolor, ya no había nadie en su casa para ayudarle a llegar a la ducha y prepararle algo de comer y media docena de aspirinas para la resaca.
                Desde entonces solo se embriaga con el recuerdo de los besos que se dieron cuando eran novios y él, en vez de whisky, bebía schweppes de limón. Pero la resaca de esa borrachera de recuerdos no se le aliviaba con una ducha y media docena de aspirinas.

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