domingo, 31 de mayo de 2015

Un amigo.

                 "Su mujer le engaña con el vecino del 3º. Un amigo". Llevaba un buen rato con esa nota en la mano, de pie delante de su buzón. Llevaba cinco años viviendo en el mismo edificio, pero por más que se esforzaba, no lograba recordar la cara del vecino del  3º. Le costaba creer que Alba, su mujer, lo engañara. Aquello, sin duda, debía de ser una broma. De mal gusto, pero una broma. Sin embargo no lograba dejar de leer la fatídica frase una y otra vez: "Su mujer  le engaña con el vecino del 3º. Un amigo". Miraba el papel con detenimiento, como queriendo ver la verdad a través de él. Era un trozo de papel normal, liso, bien cortado y escrito con un boli azul. ¿Aquella sería letra de hombre o de mujer? De mujer, sin duda. Ningún hombre se rebajaría a dejar un anónimo en su buzón. Lo de "un amigo" era para despistar, seguro. "Su mujer le engaña con el vecino del 3º. Un amigo". La puñetera frase le martilleaba en la cabeza. No sabía qué hacer. Con el papel arrugado en la mano se dirigió al ascensor. Necesitaba saber qué había de cierto en todo eso. Necesitaba, sobre todo, saber quién demonios era el vecino del 3º.  Entró en el ascensor ensimismado. Solo reparó en que con él había subido alguien cuando el desconocido le pidió amablemente que pulsara el botón del tercero. Su mano aferró más aún la nota mientras lo miraba de reojo. Ya sabía quien era el vecino del 3º, pensó mientras en vez de el de su piso pulsó el botón de parada del ascensor. Y le iba a machacar la cara hasta borrar de ella esa estúpida sonrisa.