jueves, 18 de junio de 2015

Amores de cine.


                     Nunca se había casado porque le encantaba el cine. Lo había intentado varias veces, pero siempre tropezaba con la misma piedra: él, cuando llegaba a casa, quería cenar en silencio, saborear un buen vino y ver una película con la devoción de un acólito en misa, y ellas querían hablar y hablar, con esa cháchara insoportable que parecía que nunca se terminaba. Aquello estaba destinado al fracaso. Por eso había renunciado al amor y a la compañía de una pareja. ¿Quién necesitaba a una mujer de carne y hueso que no paraba de contar los chismes de sus amigas, si disponía de toda una galaxia de mujeres de celuloide, con historias excitantes, a las que amar en silencio? 

2 comentarios:

SABINA dijo...

¿Por qué querría a Sofía teniendo a Loren? ¿O a Audrey teniendo a Herpburn? :)

Papus dijo...

Y es que ellas no paran. Y es como debe ser, porque si no la vida sería muy aburrida.