viernes, 12 de junio de 2015

Beso a beso.


                 Pidió una copa. No solía beber, pero hoy necesitaba algo fuerte y cálido bajando por su gaznate, corriendo por sus venas, calmando sus nervios. Luego se pidió otra. Y después otra y otra más. Ya no sabe cuántas ha pedido, pero sabe que, ahora, por fin, ya tiene el valor de acercarse y decírselo. Sí, se acercaría y le diría: cariño, lo siento, la culpa la tuvieron Paloma San Basilio, su "Beso a beso...dulcemente", y el karaoke del hotel. Yo era feliz hasta entonces. O tal vez no, cariño, pero al menos, no lo sabía. O quizá sí lo sabía y no me había dando cuenta hasta que oí a aquella mujer cantando aquello de: 
            "Te acercas tan despacio que casi me impaciento. 
            Me quemas con tus manos, me abrazas con tu aliento.
            Amor de horas ocultas, bendito amor secreto.   
            Mi cuerpo te desea..."
           Y me pregunté cuánto tiempo hace que no me sentía así, amada, entregada, loca de pasión. Te soy sincera, amor, no sé si alguna vez he sentido eso contigo. Y luego pasó lo que pasó, era inevitable: empecé a pensar y a vernos como si mirara a otra pareja diferente. Y no me gustó lo que vi. Por eso estoy aquí, bebiendo sin parar aunque yo, en realidad, no bebo nunca. Tratando de reunir el valor suficiente para acercarme a ti esta noche y en vez de decirte "claro, claro" cuando me preguntes si te quiero, hoy, borracha pero honesta, te pueda decir que no.

1 comentario:

Jorge Muzam dijo...

Preciso. Muy buen relato, querido amigo.

Un fuerte abrazo