martes, 16 de junio de 2015

Elogio a la mentira.





                 Sergio era el embaucador que iba de pueblo en pueblo en un carromato y vendía el famoso elixir del Dr. Morgan con el que sanaba todos los males del alma. Aliviaba los desamores, hacia ricos a los pobres y más ricos a los ya ricos, curaba a los enfermos y evitaba que los sanos enfermaran. Antes, adivinaba el futuro a quien se lo pedía o asustaba con su pasado a quien ya venía asustado con él. Todos decían de Sergio: "¡Qué hombre más sabio! Deberías consultarle, seguro que  tiene la solución a tu problema" Y acudían a él como corderos, como en el pasado iban a ver al oráculo o al santón de turno para que  obrara su magia y les mintiera diciéndoles aquello que ellos querían -o temían- oír. Sin duda era muy popular: le invitaban a fiestas y a copas hasta que un día se cansó de encontrarse en medio de tanta invención, de tanta falsedad, de tanta cena sin hambre, de tanta copa sin sed... Y cuando dejó de ser el embaucador del carromato pasó a ser la voz que clamaba en el desierto. Ahora siguen a otro augur que acaba de llegar al pueblo. Lleva un carromato parecido al que él llevaba entonces. Vende un elixir que dice que lo cura todo: desde la depresión hasta la impotencia, desde la crisis económica hasta la calvicie. Y al parecer tiene gran éxito. Lo invitan a copas y a cenar. Y a Sergio no le dejan acercarse al pueblo. La verdad, amigos, es un mal negocio.
                Salvo que te guste comer bichos y vestirte con piel de cabra y dar gritos que nadie oirá jamás en el desierto.


1 comentario:

Jorge Muzam dijo...

El arte de embaucar parece ser tan antiguo como el hombre mismo. Excelente escrito, querido amigo.

Un abrazo fraterno