sábado, 13 de junio de 2015

Roscas.


                    Aquel verano se envició con las roscas. Porque para él eran roscas por más que en el paquete pusiera "palomitas de maíz". Las comía a diario, continuamente, con un apetito rayano en la ansiedad. Fue el verano en que, con la pierna rota por tres lados por un accidente de moto, no pudo salir de casa. Se envició con las roscas y con el cine de terror, y cuando al acabar el verano su pierna había sanado, las roscas, la escayola y los maratones de cine de terror quedaron relegados al olvido en el mismo cajón de la memoria. Hace unos días leyó la noticia de que Cristopher Lee, el mejor Drácula de todos los tiempos según él, había muerto. Este fin de semana ha cancelado todos sus compromisos y se ha encerrado en casa con un montón de películas de terror, de las clásicas, en blanco y negro, de aquellas que en su infancia le asustaron y en su juventud le enviciaron con las roscas. Se ha encerrado a solas y ha empezado a comerlas de nuevo de manera ávida, casi compulsiva, mientras veía, una detrás de otra, aquellas mismas pelis. Y hasta podría jurar que aquella pierna rota y curada treinta años atrás, le ha vuelto a doler como entonces. Era su personal manera de despedir a un mito.

No hay comentarios: