martes, 2 de junio de 2015

Vigas y pajas.


                       Tendría que haberme dado cuenta mucho antes, pero no, no lo vi. Fue como si, sabedor de lo que me esperaba, lo que me destruía por dentro, me anestesiara al mismo tiempo de una manera sutil. Lo justo para permanecer alerta pero sin que llegara a enterarme del todo de lo que me estaba pasando. Es simple: me muero. Físicamente no, al menos, no de  momento. Esa hasta sería una muerte liberadora. No, la mía es una muerte intelectual. La más cruel para mi. ¿Cómo no me di cuenta, cómo? Sí, es verdad que ha avanzado muy lentamente, pero hay cosas, detalles reveladores, y tendría que haberme enterado antes. Igual que, aunque no me de cuenta de que la tierra gira sobre su eje y alrededor del Sol, no dejo de notar por ello los días, las noches y las estaciones. Pero no lo vi. ¿Cómo es que no lo vi, cómo? Es como no darse cuenta de que el invierno llegó y seguir saliendo en mangas cortas y chanclas de goma. Yo, que he sido testigo de los inviernos mentales de algunos amigos, tendría que haber notado que esta escarcha que hoy hiela mi cerebro es la que anuncia ese invierno para mi. Solo que, después del invierno, siempre viene la promesa de una primavera renovadora. Sin embargo para mi esta es una glaciación fatal que avanza poco a poco matando mi mente. Lo sé bien. Lo he visto antes y es terrible comprobar cómo se va apagando el fuego de las ideas, de las genialidades, para dejar paso a una estepa gélida donde nada sobrevive. Tenía que haberme dado cuenta de que el siguiente era yo, pero de tanto ver la paja en otros ojos, no vi la viga en el mío.

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