viernes, 14 de agosto de 2015

Trabajos manuales.


                              De pequeño una veces quería ser carpintero, otras, albañil o fontanero. Sentía una fascinación por esos hombres de manos encallecidas, rudos que siempre estaban de buen humor y que sacaban de sus cajas un montón de herramientas que yo no había visto nunca. Eran como magos que en vez de capa llevaran un mono azul añil algo manchado y en vez de varita empuñaran un mazo, una llave inglesa o un formón bien afilado y que, del caos, lograran sacar algo bueno. Yo me fijaba en cómo los miraban las chicas del servicio y me daban envidia. Quería que, algún día, alguna chica, me mirara a mi igual. Aunque, la verdad, no supiera ni por qué ni para qué. Con ocho años los deseos sexuales son solo deseos. Luego, una educación clasista se empeñó en sembrar en mi mente la idea de que el mundo se dividía entre "ellos" y "nosotros", entre los que llevaban mono azul añil para trabajar y las manos encallecidas y sucias, y los que vestíamos trajes de calidad con corbatas de seda y nos perfumábamos con sutileza. También nos mintieron en cómo nos mirarían las chicas. Con el tiempo descubrí que lo que ellos decían que sería amor y deseo, la mayoría de las veces no pasó de ser un ejercicio mental de cálculo comercial.
                       Hoy me he apuntado a unas clases de carpintería. Van más acorde con mi carácter que las de fontanería o las de peón albañil. Puede que sea el más tonto de la clase para todos pero yo sé algo que ellos no saben: lo que voy a ligar con mi mono azul añil.

1 comentario:

tercerolasvegas dijo...

JAJAJAJAJ, bueno espero que el curso de carpintería consiga su objetivo. De todas formas siempre te queda el lápiz que de madera en tus manos construye muebles de palabras maravollosos. Un beso