domingo, 6 de septiembre de 2015

El novelista.


             Llevaba años intentando ser un escritor de novela negra de éxito y prestigio, de esos que la gente reconoce. Quería escribir tramas truculentas que ocurrieran en Londres, Roma, Paris o Nueva York y que mantuvieran el corazón del lector en vilo. Pero no había manera. Solo le salían historias cotidianas que sucedían en Firgas, Tacoronte, Frontera, Tazacorte.  Hasta sus malos tenían un punto de ternura y sus buenos eran un tanto canallescos.  ¡Cómo iba a triunfar si su detective en vez de un cocktail de moda bebía cañas, comía tapas de tortilla, gambas al ajillo en cualquier bareto y se echaba una siesta como Dios manda! Desde luego, así jamás sería un Lew Archer. A lo sumo, un Manuel González "Plinio", jefe de la guardia municipal de Tomelloso.

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