viernes, 4 de septiembre de 2015

La ronda.


                    Como cada noche después de cenar, Don Malaquías cerró la puerta de su despacho detrás de sí. Todos en la casa sabían que, salvo que llamara el Caudillo o en caso de incendio, y en este último caso, solo si el fuego se descontrolaba más de la cuenta, nadie debía molestarle en las dos próximas horas. Y a nadie que conociera a Don Malaquías, laureado coronel de infantería retirado, hombre de una sola palabra y de un solo gesto, el severo, se le ocurriría en su sano juicio llevarle la contraria. Por muchos años que llevara a su servicio. Todos se preguntaban qué hacía allí el coronel. Había suposiciones y opiniones de todo tipo entre el personal de servicio de la casa y hasta algunos cruzaban apuestas sobre si se dedicaba a escribir sus memorias, una historia documentada sobre la guerra o la biografía del Generalísimo, amigo personal y mentor del coronel. A ninguno se le podría pasar por la cabeza que se encerraba allí para poder escuchar el programa de canciones dedicadas donde novios y novias se declaraban su amor con coplas de la Piquer o canciones de Manolo Escobar.

No hay comentarios: