sábado, 3 de octubre de 2015

Amores adolescentes.


Todos le decían que si estaba loco, que qué tontería era esa de enamorarse, que no tenía edad para esas cosas. Nadie entendía que sintiera una emoción tan profunda cuando hablaban, que sintiera vértigo cuando la tenía cerca o que se sintiera morir desgarrado por dentro cuando se despedían. Nadie comprendía ese amor adolescente. Todos aseguraban que aquello era un capricho pueril y que, a los sesenta y tantos no se enamoraba uno como si apenas tuviera quince años. Pero él sabía que aquello que sentía era un amor tan profundo que llegaba a ser obsesivo. Siempre fue un hombre sensato, equilibrado, un hombre cabal, así que hizo lo que se esperaba de él y renunció a ser amado. Pero jamás pudo renunciar a amarla.

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