miércoles, 7 de octubre de 2015

Fruta averiada.


                     Le daba igual que todos se rieran de él cada vez que decía que quería ser futbolista. No entendía por qué lo miraban de esa manera tas displicente cuando lo veían vestido de corto y con un balón colgando de su red en el hombro. Tampoco entendió el comentario del entrenador cuando le dijo que su lugar en el equipo era el de utillero, no el de delantero. Cuando Dany se miraba al espejo no veía diferencia entre él mismo y los otros niños de su edad que se vestían cada domingo con la equipación del club. Eran los que han perdido la ilusión que brilla en la mirada de los niños los únicos capaces de verlo solo como un gordito con muletas y decir de él que era como la fruta averiada, que o la apartas de las sanas o las estropea.

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