domingo, 11 de octubre de 2015

Furtivos.


                     Buscaban portales abiertos y esquinas ocultas para besarse apasionadamente a salvo de miradas curiosas. Se citaban en cafeterías lujosas o en baretos de medio pelo para contarse sus deseos, confesarse sus temores y compartir sueños. No les importaba el lugar, solo la conversación. Se emocionaban cada vez que compartían deseos o se confesaban temores sin más límites que los que imponía la verdad y el tiempo, siempre escaso, que tenían para ello. Llevaban quince años juntos, pero les gustaba verse así, como dos novios furtivos. Ella aseguraba que de esa manera le podía confesar cosas que jamás le contaría si solo lo viera como su pareja, y él se enamoraba cada vez más de esa mujer amable, cálida y vulnerable, que parecía no tener nada que ver con la que, media hora más tarde, vería en su propia casa.

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