miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cuento de navidad.


                Como cada 24 de diciembre se levantó muy temprano para contestar todos los mensajes que le mandaban con felicitaciones navideñas. Cada año tenía más amigos en las redes sociales pero menos felicitaciones en su buzón de mensajes y no pudo evitar sentir una cierta añoranza por los años en los que no había facebook, email, wassup y demás medios de contacto y su buzón de correos, sin embargo, rebosaba de sobres con coloridas postales que alguien se había molestado en comprar, escribir, franquear y enviar, y que luego acababan adornando los bajos del árbol de navidad. Desde su escritorio miró de reojo hacia su árbol de este año. Lucía grandioso. Perfectamente adornado, iluminado por cientos de pequeñas bombillas multicolores que bailaban alocadas, estaba huérfano de sentimientos. Era un adorno más. Suntuoso, sí, pero carente de otra función que la de tratar de llenar sin conseguirlo ese vacío que llevaba en su corazón y que, cada año, se agrandaba más y más. Este año no se sentaría delante de él a cantar villancicos en nochebuena. Ponerse a cantar a solas le pareció aumentar innecesariamente su melancolía. La navidad no es la mejor época para los solitarios, pensó al mismo tiempo que respondía mecánicamente el último mensaje, tan lleno de tópicos como vacío de calor.

2 comentarios:

bigdog master dijo...

Nostálgico, sin duda. Hermoso en su estructura narrative, en una palabra inolvidable... tal vez, tenés razón; la Navidad no es para los solitarios. Nunca lo ha sido. Un abrazo navideño fuerte; con mensaje: me agradaría enviaros una postal navideña.

Ada Robayna Campos dijo...

¡Ay, cuanta verdad!