sábado, 23 de enero de 2016

El beso.


                           Su primer beso de amor se lo dio media hora antes de que le dijera que lo dejaban. Tenía dieciséis años y estaba enamorado de ella hasta el dolor, como solo se concibe el amor a esa edad, como dicen que no se vuelve a estar enamorado nunca más en la vida. Ese beso marcó todos sus demás besos, marcó todos sus demás amores. Durante años, cada vez que dio o recibió un beso de amor, esperó con la respiración contenida que al poco ella le dijera que lo dejaba. Que lo quería, que era un gran tipo, que no era por nada que hubiera hecho o dejado de hacer, pero que lo dejaba. Así, sin más explicaciones. Durante años no salió con nadie para no tener que besar o ser besado y así no sufrir de amor por un beso. Cómo explicar a nadie que, cada vez que cerraba los ojos y abría los labios para besar, era su boca, la de aquél viejo primer amor, la que quería volver a besar para intentar que, esta vez al menos, no acabara con un lo siento cariño, te quiero, pero esto no va a funcionar. Yo necesito a otro tipo de hombre y tú eres demasiado bueno para mí.

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