jueves, 21 de enero de 2016

En las sombras.


                        Ya sé que dirá usted que estoy loco. No me importa. No es usted el primero y, desde luego, no será usted el último que de mí diga tal cosa. Pero yo sé lo que sé, y yo sé que allí, escondido en las sombras está él. ¿Cómo que quién es él? ¿Usted también con esa preguntita? Él es él. Y no voy a nombrarlo. No, no quiero hacerlo. Claro que no, hombre. ¿Cómo? ¡Pues claro que no quiero que se aparezca! Me da igual que aquí estemos cinco personas o cincuenta. ¡Cómo se ve que usted no lo conoce! Y a mí qué si solo yo lo he visto. Será que él no ha querido que otros lo vean hasta ahora. ¡No saben los demás la suerte que han tenido si nadie lo ha visto aún, carajo! ¿Horrible? Créame, aún no se ha inventado una palabra que lo describa. Pero si por desgracia lo eligiera a usted para hacerse presente, sepa que no hay forma de evitar obedecerle. Aunque le pida la cosa más terrible del universo. Aunque le pida, como a mi, que mate a martillazos a toda su familia y cuelgue sus despojos por el salón, como si fueran cuadros. Es que él, ¿sabe usted?, es un gran amante del arte. Vale, sí, del arte según él. Pero, si lo miramos con perspectiva, el resultado tampoco estaba tan mal, ¿no?.  Ya, ya sé por qué me mira así. Ya me había advertido él que no debía hablar con ustedes, que al final él tendría razón y no nos entenderían, que nos iban a tomar por locos. ¡Qué pena!

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