jueves, 28 de enero de 2016

Hemorragias.


                          Su madre no soportaba verla agacharse y coger cualquier trozo de papel de la calle para ponerse a escribir frenéticamente. A saber quién diablos lo había pisoteado, decía gruñendo cada vez que la veía hacerlo. Vete a saber la de infecciones que puedes pillar con eso, no sé qué necesidad tienes de parecer una indigente, recogiendo cosas de la calle, por dios, qué impropio de una señorita. Ella, por mucho que lo intentó, jamás pudo hacerle comprender a su madre que para ella, no escribir cuando sentía ese impulso irrefrenable de hacerlo, era como intentar parar la hemorragia cuando recibías un balazo en la tripa, algo doloroso e imposible. 

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