miércoles, 20 de enero de 2016

Nerón.


                               Querido amor: sé que te extrañará recibir esta carta. Es normal, tanto tiempo sin hablarnos, sin transitarnos, sin reírnos. Al menos juntos. Un año ya, y yo voy ahora y te mando una carta. No un e-mail, no. Una carta. Vieja escuela le llaman. Papel, sobre, sello y escrita a pluma. Más clásico -o más antiguo- imposible, ¿no?. Pero hay cosas que, si no se dicen en persona, resultan tan frías. Y esto es lo más parecido a una conversación que nos podemos permitir. Verás, amor, hace dos días, te vi. Yo paseaba a Nerón y tú salías del teatro. ¡Qué bien te sienta mi ausencia! Yo, en cambio, qué quieres que te diga. Digamos que el perro tiene mejor aspecto que yo. Desde luego, ¡liga mucho más que yo! Me gustaría decirte que me alegró verte, que me sentí feliz, que me gustó comprobar que habías reemprendido tu vida, que tu risa volviera a ser esa risa fresca y alegre, pero te mentiría. Y fue la mentira lo que nos separó. Al menos fue eso lo que me echaste en cara cuando me cerraste la puerta en las narices aquel domingo, cuando volvía de mi viaje quincenal a Madrid. Volvía cansado. Volvía con ganas de verte, de dormir en casa. Pero me tuve que ir a una pensión de mierda porque no llevaba efectivo suficiente, la tarjeta se había bloqueado y tú no parabas de gritar detrás de la puerta. Tal vez no te acuerdes, pero yo sí. En fin, amor. Un año ya. Te han ido bien las cosas. Mañana o pasado te irán mejor. Mi abogada me ha dicho que lo del divorcio ya es firme y que la sentencia se notificará a las partes en un par de días. Las partes. Eso es lo que somos ahora, las partes. Tu parte es más que la mía por lo que he podido leer, pero mira, no importa, yo me quedé con Nerón. En el fondo tú nunca lo quisiste, lo sé. Y él ha sido el único que me ha sido fiel en las horas bajas. En fin, amor. ¿O ex amor ya? Esto es un lío para mi. No sé si sabré referirme a ti como ex. Mi abogada me ha recomendado que te olvide, que pase página. Mejor aún, que cambie de libro. ¡Abogados! Para ellos todo se resume en tomos, legajos y asuntos. Las vidas de sus clientes son números de expedientes en carpetas de colores que se abren y se cierran. Solo somos cifras en una cuenta corriente. Ganen o pierdan. Nosotros, amor, perdón, ex-amor, somos los que tendremos que aprender a vivir sin la otra parte. Yo me siento como una ecuación de dos incógnitas a la que le han borrado la X; solo soy un montón de cifras y alguna letra sin sentido en una pizarra. Tú, en cambio, eres como un poema al que alguien ha logrado encontrar el ritmo adecuado. Menos mal que Nerón es de ciencias.

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