miércoles, 3 de febrero de 2016

Cardiff y Triana.


                        Apareció en Triana vestido solo con un pijama y zapatillas de andar por casa. Parecía desorientado, abrazado a una máquina de escribir portátil Remington modelo 5, como si necesitara protegerse con ella de todo lo que le rodeaba. Afirmaba que estábamos en 1938, que abrió la puerta de su frigorífico para hacerse un sandwich de queso y que, cuando la cerró, en vez de en su cocina de Cardiff, se vio de repente en la mitad de una calle desconocida rodeado de un montón de gente extraña. Todos nos reímos creyendo que era una broma de carnaval algo adelantada. Yo también. Nadie se dio cuenta del miedo que reflejaba su cara o de cómo se aferraba al asa de la caja de su máquina de escribir, como un náufrago a una tabla en medio del mar.

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