miércoles, 17 de febrero de 2016

Higiene dental.

               

                       Te lavas los dientes varias veces, con fuerza, casi con furia, pero ni aún así logras acabar con aquel mal sabor de boca que te acompaña siempre, estuvieras dormido o despierto, comieras o ayunaras, bebieras agua o te sumieras en un sopor alcohólico y nunca placentero. te lavas los dientes hasta que la espuma que sale por tu boca deja de ser blanca para ser de un rojo brillante, mezcla del dentrífico y de tu propia sangre. Pero aquella pestilencia seguía allí. Porque el sabor del fracaso, el hedor que deja haber decepcionado a tantos, a ti el primero,  no sale de la boca, amigo, sale del alma, que la tienes podrida. Pero cepilla, cepilla un poco más, tal vez así disimules un poco esa peste asquerosa. Y deja de llorar de una vez, carajo. Compórtate, al menos hoy, como un hombre.

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