jueves, 4 de febrero de 2016

Premuras.

Autor:Jorge Oliva López

                             Nunca vivía más de seis meses en la misma casa ni  estaba más de ese tiempo en el mismo trabajo. Y a menos de que la ciudad en la que estuviera en esos momentos fuera bastante grande, también  se iba de ella. Estaba convencido de que, si en ese tiempo no había logrado encontrar la felicidad, es que ese no era el sitio donde lo iba a hacer. Incluso se cambiaba de aspecto y renovaba todo el vestuario. Decía que al amor había que echarle una manita porque el tiempo corría demasiado rápido a partir de los cuarenta años y no podía quedarse sentado esperando por él, porque lo más fácil es que al ritmo que pasaba la vida, con quien se tropezase cualquier mañana al doblar una esquina, en vez de con el amor, sería con la muerte.

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