martes, 16 de febrero de 2016

Un hombre de palabra.


              Melo siempre fue un tipo callado. Tanto que, durante los últimos años de su vida la gente no escuchó nunca su voz. Los que le conocían dicen que, cuando aún hablaba, era un tipo normal, divertido y sociable. Un día cualquiera, después de una gran borrachera, se levantó de dormir la mona de la mesa del bar donde solía ir, harto ya de que todos le vinieran a contar sus cuitas y secretos convencidos de que, discreto como era, no diría nada a nadie. Fue entonces, en medio de los vapores del alcohol, de la vergüenza que sentía hacía sí mismo y del asco que le producía todo lo que guardaba en secreto, cuando decidió que a partir de ese momento callaría para siempre pero de forma notoria. Melo, desde luego, era un hombre de palabra. Aunque éstas, por último,  las usara poco.