jueves, 3 de marzo de 2016

Cicerón y los malos tiempos.


                    Últimamente caían muchos libros en sus manos pero la mayoría de ellos acababan en el cubo de reciclado de papel sin lograr que pasara de la página quince. Y aún eso, siendo generoso. Lo que le que pedía a un libro es que lo entretuviera, lo emocionara o lo intrigara, pero lo único que lograban era que se indignara o aburriera con tanta obra burda, insulsa y plana, y aunque siempre se confesó un bulímico de la lectura, al paso que iba, acabaría convirtiéndose en un anoréxico de la misma.