domingo, 13 de marzo de 2016

El desodorante.



                               Sabía que era una estupidez pero necesitaba dejar en casa por un par de horas el traje de persona sensata, calmada, fría, casi insensible, y ponerse su vieja ropa de ser humano normal para salir en busca de su yo perdido. Ya lo dije. Era una completa estupidez. Pero lo hizo. Cualquier excusa le valdría. Tampoco era una tarea titánica. Él, el maestro del disimulo, que era capaz de hablar con Dios al tiempo que firmaba un acuerdo con el mismo demonio y que ambos se sientieran satisfechos y contentos, ¿no iba a poder encontrar una razón para salir unas horas sin tener que dar más explicaciones que las precisas? No recordaba aquella ropa. Se sintió algo incómodo con ella. Era como ir desnudo en una fiesta de gala. Pero era lo que había. Necesitaba tragar hasta el final esa copa de hiel que antes estuvo llena de miel  y recorrer aquellas calles, jardines, parques, terrazas y avenidas mirándolas con los ojos de su nuevo yo, dejando atrás la pasión del traje y de la memoria. Sabiendo que a los muertos o se los entierra o a los pocos días apestan. Y él estaba notando cómo a su alrededor empezaba a desprenderse un olor que, aunque tenue, ya era algo desagradable. Nunca fue estúpido, pero tardó en darse cuenta de que, en este funeral, el muerto era él. Empezó a apurar el paso. La hiel estaba empezando a ser demasida hiel o demasiado amarga y a pesar del frío notó como el sudor recorría su espalda. Acabó sentado en una acera con las manos en la cabeza y vomitando como un pobre borracho. Por esto -se dijo- por esto dejé de ponerme esta maldita ropa. Porque me vuelvo un tipo normal, con capacidad de sentir, vulnerable. Es como si me duchara con esencia de criptonita. Ya en casa, se duchó, se afeitó y con su traje de persona sensata, calmada, fría, casi insensible, se sentó a leer un rato la prensa. Todo iba bien de nuevo. Además, ya no percibía ese olor a cadáver a su alrededor. No hay desodorante mejor que enterrar los recuerdos en el fondo de un armario junto a la ropa que sabes que no te vas a poner nunca más.

No hay comentarios: