miércoles, 9 de marzo de 2016

Ibiza.



                 Y encima se pone a llover. Como si no fuera suficiente putada tener que levantarse para ir a un trabajo de mierda mal pagado cuando muchos llegan de fiesta a sus casas para dormirla o tratar de arrancar un coche que se cae a cachos, el pobre, para que además se ponga a llover como si a un Dios vengativo y cruel, o bromista y cruel -en cualquier caso, cruel- le apeteciera hacer un remake del diluvio bíblico. ¡Arranca, joder! Nada, que no hay forma. Hoy va a ser uno de esos días, lo presiento, me digo con las manos en el volante y la cabeza apoyada en ellas, mirando cómo el agua que cae a chorros por el parabrisas embellece una ciudad fea y sucia, distorsionando las luces y la realidad. Supongo que esto es lo que hacen los poetas, verlo todo como a través de un manto de lluvia que envuelva la realidad en una especie de nostalgia extraña y que hace que las cosas parezcan más bonitas. O al menos, menos feas que de costumbre. Porque mira que mi barrio es feo y apesta. Pero hoy no. Ahora no. Ahora huele a tierra mojada, a las mañanas de otoño en la granja de tía Ana, en el pueblo. Nada que ver con esta mierda de barrio, sucio triste y gris en el que vivo ahora. ¡Nada, que no quiere arrancar este puñetero coche! Claro, tiene tantos años, tantos achaques... y encima esta lluvia espantosa. 
                 Hace tiempo que debí jubilarlo, lo sé. Pero siempre que me acercaba al concesionario me daba un no sé qué. Sí, los otros eran preciosos, nuevos, muy chulos. Tenían de todo, hacían de todo, hasta encendían las luces y ponían los limpia parabrisas auntomáticamente. Pero les faltaba algo que a este pobre le sobraba, alma. Este fue mi primer coche. En él aprendí a conducir, hice algo que simuló ser amor con mi primera novia y que fue, en la distancia lo supe, más patético que otra cosa pero que cumplió con la urgencia de la carne que en aquellos años no era tan exquisita en cuanto a los escenarios como lo fue después, con el paso del tiempo. Lo usé para conseguir mi primer trabajo y en él llevé a mi mujer, perdón, a mi ex, a dar a luz a mi hijo, Lucas. Que casi sirv también de paritorio, porque Lucas, tan parecido a mí en tantas cosas, nunca tuvo mucha espera, la verdad. Excursiones, juergas, duelos, alguna noche, mala, es cierto, que tuve que pasar en él, tantas cosas, tantos secretos, tanta vida. Vale, sí, los otros serían uuuuuuna pasada, pero este, este era mi coche. Sí, un desatre, como yo, como mi propia vida, pero era mi coche. Vamos, cariño, arranca, por favor. ¡Sí, guapo! ¿Ves? Si solo hay que darte cariño, como a mí, para que hagas las cosas. ¡Si al menos dejara de llover!

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