viernes, 1 de abril de 2016

El viajero.

                

                     Todos te preguntarán a ti. Es lógico. Querrán saber que pasó, indagar los porqués. Ya sé que no sabes qué decir y que no estarás para muchas explicaciones. No te preocupes. Simplemente haz lo que yo haría. Que no, que no es tan difícil. Usa a Nietzsche. Retuerce esa frase que tengo enmarcada en mi despacho. No, la del abismo no, mujer. La que está junto a mi mesa, al lado de la foto de mis padres. Di, simplemente, que yo creía que uno debía morir con orgullo cuando ya no era posible vivir con orgullo, morir cuando aún era posible un adiós real. Ya, mujer. Ya sé que es un encargo horroroso. Lo sé. No llores.  Es el penúltimo favor que te pido. Además, siempre lo hablamos y, no nos engañemos, siempre supimos que más pronto o más tarde llegaría esta hora. Diles que siempre quise viajar y que nunca pude y que, por fin, haré el viaje más exótico que nunca imaginé. Desde luego que será el más largo y desconocido que haya. Y si alguno te nombra mi alma -siempre hay gente de mal gusto en estos casos- dile que yo de eso nunca tuve. O que, si alguna vez tuve, seguramente la perdí hace tanto tiempo que ya ni de ella me acuerdo. Tal vez en aquella timba de póker. Dile que me suena que un tal Belcebú, educado y elegante, con una suerte del demonio, me la ganó contra un Porsche rojo infierno. El coche más hermoso que jamás vi. ¿Quién diablos necesita un alma pudiendo tener ese coche? Pero no. Salí de ese antro sin una y sin el otro. Ligerito. Y así he vivido hasta hoy. ¡Claro que se escandalizarán cuando oígan eso! Es lo que pretendo. Pandilla de hipócritas y metiches. No, tranquila, mis amigos, los de verdad, entenderán la broma y se reirán con ella. Y ahora sí. Ahora hazme el último favor. Lávate la cara, cierra esa puerta, apaga la luz y vete a dar una vuelta al parque. En estas fechas debe estar reventando de flores, siéntate un ratito y lee algo de Salinas o de Anne Sexton como si lo hicieras para mí. Hay viajes que uno debe emprenderlos a solas. Seguro que lo entiendes, ¿verdad?

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