viernes, 29 de abril de 2016

La sonrisa eterna.



                                 Caray, qué bien te queda la sonrisa, pensó al ver su cara a través del cristal de la tapa de su ataúd. Te hace mucho más joven. Debiste haber sonreído más veces mientras estuviste vivo porque ahora es una tontería mantener ese gesto inútil. Y no será porque no te lo haya dicho hasta la saciedad, no. Pero siempre te resististe. Que si eso de sonreir sin motivos era para gente sin nada en la sesera, que si la vida era lo bastante jodida como para estar sonriendo por todo como los tontos, que si esto, que si lo otro... y mírate ahora: te han plantado una sonrisa de lado a lado en la cara y para toda la eternidad. Si es que me dan ganas hasta de sacarte una foto, hombre, para enseñársela a tus amigos, a los que no han venido a tu duelo por expreso deseo tuyo, porque si se lo cuento, sé que no lo creerán. ¿Jaime sonriendo? ¡Imposible! Espera, nos vamos a hacer un selfie. Sé que eras tan aficionado mientras estabas en vida. A ver, sonríe... Ah, no, qué tonta, que la sonrisa ya la llevas puesta. Bueno. Ya. ¿Salimos bien, no? Bueno, sí, es verdad. Tú sales con los ojos cerrados, pero ¿qué quieres? Al fin y al cabo estás muerto, tío, y no te puedes quejar. Tu sonrisa es mucho mejor que la mía.

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