viernes, 22 de abril de 2016

Música del alma.



                    Al principio le costó adaptarse a aquel aparato infernal. Le parecía casi imposible que en un cacharro tan minúsculo cupieran tantas canciones. Todas las del mundo, le dijo su nieto. ¿Quién quiere oír todas las canciones del mundo? Ella no. Ella solo quería recordar las canciones que su Antonio le cantaba bajito en la cama antes de dormirse, para que sueñes conmigo, le decía. ¡Qué tonto! Con quién iba a soñar si él fue siempre el hombre de su vida. Si vas por Triana la puedes ver sentada en un banco, con los auriculares de su i-pod puestos y los ojos cerrados, cantado bajito las mismas canciones que le cantaba su Antonio.

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