lunes, 18 de abril de 2016

Non bis in idem.



                         Le agradezco que haya sido puntual, Ian. Bueno, vale, te agradezco la puntualidad. Comprenderás que, a mi edad, me cuesta tutear a la gente y más si ha sido mi abogado, pero si te hace sentir más cómodo, por mí vale. Te debía esta cena, y te agradezco que hayas aceptado venir a casa. Como comprenderás, después de tanta publicidad, no me apetece aparecer en un restaurante para seguir siendo el centro de la atención de la gente. Sí, ya, sé que tienes razón. Gracias. Has hecho tu trabajo impecablemente. De hecho, hasta yo dudaba que alguien como tú, joven, sin mucha experiencia, lograra una sentencia absolutoria para alguien como yo, acusado de ser un asesino en serie. Pero vaya, qué demonios, lo hiciste, y brindo por ello. Por cierto, amigo, ¿cómo se llama eso de que no me puede juzgar otra vez por lo de los asesinatos en serie? ¡Eso! Non bis in idem. ¡Qué jodío! Si hasta suena bien cuando lo dices en latín. ¡Qué pena que no se siga estudiando latín! ¿No crees? ¿Otra copa? Claro, hombre, es un rioja excelente. Hoy tiro la casa por la ventana. La ocasión lo merece. Por cierto, como ya no me pueden juzgar por eso, te diré que sí, que los maté yo. ¡Pero hombre, no escupas el vino, joder, que es de los caros, no el vinazo barato que sueles beber! ¿A dónde vas? No hombre, siéntate. ¿No me dijiste que son los culpables los que precisan de la mejor defensa y que tú no querías saber si era inocente o no, sino cómo ganar el juicio? Entonces, no sé de qué te escandalizas. Anda, sírvete otra copa. Y esta, por favor, no la desperdicies, joder.
                     A propósito, ¿a que no sabes por qué te elegí a ti como abogado? Pues por tu nombre: Ian. Me recordó inmediatamente al poeta y cantante inglés Ian Curtis. ¿Cómo que no sabes quién es? Solo por eso te merecerías estar en mi lista de la compra. Yo los llamaba así. El fiscal se empañaba en llamarlos víctimas. La verdad es que nunca me cayó bien ese fiscal. Te diré que Ian Curtis tiene un poema genial. Se llama "En un paraje solitario" Búscalo. Dice algo así como: "Acariciando el mármol y la piedra, y ese amor tan especial. El sudor y la fiebre, míos. Cómo me gustaría que estuvieras aquí. Un cuerpo se retuerce y muere. Como un  perro, buscando el calor de tus pies" Bueno, el poema sigue, y además, te lo estoy recitando de memoria. Curioso tipo este Ian. Acabó suicidándose a los 23 años. ¡Qué me dice! Qué casualidad que acabes de cumplir esa edad. Brindemos por ello. Por cierto, nunca aparecieron los cuerpos de los muertos por una simple razón, Ian. No, qué va. ¿Ácido? ¡Qué vulgar! No, siempre has de ser más original y en mi caso, más expeditivo. Ya, ya sé que tienes sueño. En realidad, estás muerto, pero aún no te has dado cuenta. Sí, el vino. Es un truco viejo pero la gente sigue cayendo en él. Nadie se resiste a un vino tan caro.  Pero antes de que estés muerto del todo te contaré ese último secreto: me los comía. Y con los huesos hacía una sopa de lo más rica y nutritiva. Además, Ian, ¿quién diablos va a pensar que yo, el recién exculpado, iba a matar a mi buen amigo el abogado que logró el milagro de sacarme libre. No, claro, nadie. Es lo que tiene ser un asesino en serie con un cociente intelectual de 169. Bueno, el horno ya tiene la temperatura adecuada. Supongo que no serás tan descortés como para no acabar de morirte a tiempo, ¿verdad? Eso, así me gusta. Sería una pena que por tu cabezonería de resistirte a lo inevitable me saliera mal el asado de abogado.

1 comentario:

bigdog master dijo...

Hay clientes peligrosos. Con tendencias asesinas; con frecuencia encontre clientes asi... es el problema de ser abogado en causas penales...no lamento haberlos "liquidado". Tomad de este fino licor que justo acabo de comprar para vos...tal vez os den ganas de dormir; me quedo a cuidaros...