viernes, 6 de mayo de 2016

Odiarás a tu padre sobre todas las cosas.



                             Odiaba a su padre sobre todas las cosas. Era el suyo un odio absurdo, un odio irracional, un odio que la consumía por dentro y por fuera; un odio que ocupaba tanto espacio en su corazón que no le dejaba tiempo ni espacio para otra cosa que no fuera ese mismo odio terrible y feroz. Era su odio un odio sin razón de ser ni justificación. O  al menos, si algún día tuvo algo parecido a una, en este momento de su vida era incapaz de recordarla. Solo podía recordar que lo odiaba, que debía odiarlo, y en ese odio encontraba el ánimo y la fuerza para seguir en pie cada día. Porque, aunque a veces se sorprendía mirando de pasada alguna foto en la que aparecía junto a él, cuando aún no lo odiaba, y sentía la mordida de la nostalgia en las tripas, como si una fiera rabiosa le hubiera dado un zarpazo a traición y cogía el teléfono para teclear, como al descuido, su número, lo soltaba de inmediato como si quemara. Qué iba a ser de ella sin su odio, se preguntaba asustada. ¿Cómo sobrevive una mamba sin su veneno? Yo tampoco lo sé.

No hay comentarios: