lunes, 6 de junio de 2016

Correos.



                        Empezó a comprar las postales de navidad en junio, justo el día siguiente al de su cumpleaños. Aprovechaba cuando iba a algún recado en zonas que no solía frecuentar para recorrer viejas papelerías y estancos de toda la vida y comprarlas. Odiaba las aglomeraciones que se producían en Navidad y, además, así podía elegir las más bonitas, las más coloridas o las que más despertaran en él el espíritu navideño. Compraba decenas, a veces cientos, pero solo escribía una: la que él consideraba la más hermosa de todas. Nunca, año tras año, obtuvo el éxito que esperaba. Siempre, año tras año, cenó solo en Nochebuena, sin más compañía que el plato vacío que lo observaba, mudo y coqueto, frente a él. Siempre pensó que con el follón que se montaba en correos por esas fechas tal vez sus postales navideñas nunca llegaron o lo hicieron a destiempo, cuando ya carecían de sentido. Por eso este año ha decidido escribirla ya, en junio, justo el día siguiente de su cumpleaños, para mandarla con tiempo. Tal vez este año la cena de navidad no la pase mirando un plato, una copa y una silla vacía frente a la suya, acompañado de unos recuerdos que, más que compañía, hacían daño. O tal vez sí; ya se sabe lo mal que funciona correos últimamente.

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