viernes, 10 de junio de 2016

Un buen psicólogo.



                     En el fondo siempre supe que era una simple cuestión de tiempo que alguien se diera cuenta de que mi historia tenía fallos, pero nunca pensé que fuera a ser ni así ni tan pronto, por eso tuve que darme prisa. En realidad, puede que todo esto no sea sino un exceso de celo por mi parte. Tal vez todo esté ocurriendo solo en mi mente. No sería la primera vez, pero soy de los que creen que es mejor prevenir que curar. Al menos, eso me repetía tío Venancio siempre que podía. Pero es lógico, más pronto o más tarde alguno de los psicólogos de los que me obligo a ver lo tendría que notar. Normalmente son unos vanidosos que creen tener las claves para entrar en tu mente. Como si conocieran un código PIN maestro que les abriera cualquier cerebro y dejara al descubierto sus secretos quisiera o no el sujeto. ¡Ilusos! Si supieran cuántas veces les he manipulado convenciéndolos de que una cosa era justamente la contraria.  En el fondo son como niños grandes con un ego aún mayor. Pan comido, como también decía tío Venancio. Pero este era diferente. De entrada, los test que usaba eran propios, no los clásicos que cualquiera puede encontrar en la red. He de reconocer que ahí me desconcertó. Uno ya viene a estas sesiones como el que va a lavar el coche: sabe lo que va a pasar y cuándo. Pero este me rompió el esquema. Quizá por eso, cuando acabé el test, mientras lo analizaba, su cara lo fue delatando y yo empecé a sentir el peligro antes de que todo me estallara en la cara. Tampoco fue tan difícil. Las primeras veces sí que me costó más, al fin y al cabo, uno era un novato y lo del tío Venancio fue toda una chapuza, la verdad. Pero luego aprendes y todo es más sencillo. Un golpe seco junto al oído con el canto de uno de esos libros tan gordos que siempre tienen a mano los deja tan aturdidos que luego, partirles el cuello es cosa de niños. En total, un minuto mal contado y todo resuelto. Ahora lo de siempre: inventarme otro nombre, otra historia, otra vida y, lo que más me agota, buscar a un nuevo psicólogo que me trate de esta angustia tan grande que siento y que no me deja dormir bien. Uno que entienda que lo mío es estrés; solo estrés, y que no le de por averiguar lo que yo no quiero que descubra. Así viviremos mejor los dos. O al menos, más tiempo él.

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