viernes, 12 de agosto de 2016

Platón.



                                 Yo una vez tuve una novia, un perro que se llamaba Platón y hasta estuve a punto de ser funcionario, pero nunca pude con las oposiciones, ¿sabe usted?, por eso estoy aquí. ¿Platón? Es que era un perro muy sabio, tranquilo, siempre te miraba como si estuviera meditando sobre lo que veía o lo que le decías. Porque Platón entendía todo lo que le decía, de eso no le quepa duda. Y te respondía con la mirada. Jamás vi una mirada así, ni en animal ni en humano. Platón. ¡Cómo lo echo de menos! No se imagina qué solitaria y dura es la vida sin la compañía de un amigo como él. ¿Mi novia? Sí, sí que tuve. Clarita. Lo nuestro no funcionó. Era imposible que funcionara, ¿sabe usted? Ella quería casar con un funcionario y yo nunca pude con las oposiciones. No sé, me despistaban tantos libros, tantos conceptos, tantas leyes. A mí siempre me ha gustado más ver cómo se mueven las estrellas por el cielo cuando es noche cerrada, mirar pasar a la gente y tratar de entender por qué son las cosas como son. ¿Ve usted? Para eso Platón era único. Nos sentábamos juntos en una ladera, yo le iba comentando mis ideas y él me miraba y me respondía con su tranquilad y con esa sabiduría que ni yo, ni usted, y perdóneme que sea así de franco, jamás tendremos. Cómo iba a cambiar esta vida por la de un triste puesto de funcionario en algún triste ministerio, preso por un horario de 8 a 3 y preso por la tristeza y la apatía el resto de mi vida. Por eso estoy aquí. Yo sé que usted lo comprende porque, aunque no es Platón ni tiene su mirada, es verdad que tiene su sonrisa y eso me reconforta.

No hay comentarios: