lunes, 24 de octubre de 2016

Villancicos de supermercado.



                      De verdad, otro villancico más y me rajo las venas. Sí señora, los turrones lights están en el segundo pasillo a su derecha, entre las galletas de mantequilla y los cereales dietéticos. ¡Turrones lights! Será imbécil. Ya me conozco yo a estas pavas, se vuelven locas mirando las calorías por cada 100 gr y luego se inflan a raciones porque, total, como tienen menos calorías... Niño, no abras las cajas de los juguetes, cariño. ¡Puñetero niño! Claro que la culpa es de los padres que lo sueltan en el supermercado como si esto fuera un chiquipark. Joder, otra vez la virgen y los peces en el río. ¿Cuántas veces lo habré escuchado hoy? No menos de diez. Los productos de mascota no admiten cambios señor. Pues por motivos de higiene. Señor, yo me creo sin problemas que su perrita esté más limpia que muchas personas, pero no puedo cambiarle el colchón que se llevó. Si señor, le llamo al encargado, un momento. Será imbécil el tío. ¡Y ahora Rapahel y el tamborilero! Esto debería ser considerado abuso en el trabajo, tanto porropompón y tanto niño dios juntos. ¿Cómo? Sí, abrimos todos los domingos hasta el día de Reyes. No, el día de Navidad, no. Pues porque yo también tengo familia, hijos y padres y quiero verlos en estas fechas. No señora, no. Lo de oír villancincos nos lo ahorramos en casa. Nada, cosas mías. Sí, ese vale descuento está en fecha. ¡Puñetera Navidad en octubre!

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