martes, 11 de octubre de 2016

Wake me up before you go go (Wham!)


                                       Terminó de enjabonarse la barba con la mirada perdida en el fondo del espejo, como si allí, en ese infinito de su pupila dilatada, estuvieran todas las respuestas que nunca encontró.
Se miraba mientras se enjabonaba, sí, pero en realidad no se veía. Como tampoco escuchaba la música que oía de fondo en la radio que siempre ponía de manera casi automática mientras se aseaba. Siempre la misma emisora, una especializada en viejos éxitos del pop-rock de los 80. Pero hoy estaba tan absorto que todo lo que hacía y oía lo hacía y oía de manera puramente mecánica. Cuando terminó de enjabonarse se quedó con la hojilla a medio milímetro de la cara y fue entonces cuando su mirada perdida se encontró por primera ve con sus ojos. Se quedó así un buen rato, con la mano alzada, la cuchilla rozando la piel y los ojos mirándose a través del espejo. ¿Cuándo lo supo, cuándo se dio cuenta de verdad y por qué optó por seguir como si nunca se hubiera percatado de ello? No tenía respuesta para tantas preguntas.
En la radio, Wham! seguía con su canción: I don´t want to miss it when you hit that high. Wake me up when you go go.
Un hilillo rojo brillante comenzó a deslizarse por el muro blanco inmaculado de la espuma que cubría la barba. Sin saber cómo, se había cortado.
Sin saber cómo, su fabulosa relación se había ido al garete.
Sólo que entonces no hubo un delator hilillo de sangre roja y brillante que avisara de la catástrofe. O no hubo un muro blanco, esponjoso y reluciente para que esta se evidenciara, o nadie supo o quiso verlo. Y lo que es peor, ahora que ya es tan evidente que casi es imposible fingir que no pasa nada, ahora, ¿qué vamos a hacer?
Wham! continuaba su canción en la radio del baño:`Cause you´re my lady, Im your fool. It´s make me crazy when you act so cruel.
El hilillo de sangre ya no era tal hilillo. La barba era casi roja. Al parecer, absorto en sus ideas ni siquiera se limpió el jabón y la sangre. Se preguntó si tal vez había sido así como había ocurrido. Si un mínimo corte, fácilmente solucionable con agua oxigenada y un poco de algodón, por dejadez o despiste se convirtió con el tiempo en una hemorragia imparable que desangró por completo esa relación que siempre creyó inalterable y a salvo de todo ataque. Y ahora no es que agonizara. Ahora simplemente estaba muerta. Aunque aún no se hubieran oficiado los funerales por ella y ningunos de los dos hubiera dado el primer paso para enterrar ese cadáver con el que convivía, es verdad que más por costumbre que por cariño.
De repente sonaron unos golpes en la puerta del baño.
-¿Te falta mucho, cariño?-No amor, ya termino - No hacía falta dejar de ser educado tampoco. Al fin y al cabo habían sido tantos años juntos... Se miró de nuevo al espejo tratando de controlar las arcadas que le producía su propia imagen, su propia mentira, su propia cobardía y esa sangre que ya corría por el pecho.  Se lavó la cara y abrió la puerta. 
-Pasa vidita.
-Gracias amor. ¡Hoy tengo un día....!
Se quedaron mirándose a los ojos durante una fracción de segundo mientras Wham! acababa su canción.
 -¿Comemos juntos hoy?
-¡Uff, no creo!  tengo mucho lío estos días. Ya sabes, jefe nuevo, normas nuevas...
Ella bajó la mirada. -Bueno, no te preocupes. Ya nos vemos a la noche si no llegas muy tarde.
-Sí, claro. 
-Te quiero
-Y yo a ti... creyó oír mientras se cerraba la puerta del baño y ella cambiaba la emisora a una donde ponían música cañera.


Publicado en 2012 en el blog "Plumas Latinoamericanas"