jueves, 24 de noviembre de 2016

El desayuno.



                             Ya sé que para ti solo soy la mano que empuña el paño que limpia la mesa a la que te sientas o la voz que te pregunta mientras sonríe qué vas a tomar hoy. Es una tontería. Siempre pides lo mismo: café cortado con leche fría, dos tostadas con mermelada de melocotón y un zumo de naranja, colado, por favor. Siempre tan seria, tan elegante, tan centrada en la lectura de esos papeles que traes, que nunca levantas la cabeza para mirarme. ¡No sabes cómo te lo agradezco! No sabría qué decirte si me llegas a reconocer. A veces me da la tontería y tengo la tentación de decir tu nombre o de dejarte, junto al café, la foto que nos hicimos hace ya una vida, cuando éramos tan jóvenes que creíamos que el futuro nos pertenecía solo a nosotros. Pero luego veo tu cara, tan seria, tan triste a veces, y la foto de tu familia en la cartera cuando sacas la tarjeta para pagar, que me doy cuenta de que, entre tú y yo ya solo hay un café cortado con leche fría, dos tostadas y un zumo de naranja, colado, por favor, servido con la nostalgia de una tarde de amor ante un mar que, ese sí, nunca cambió.

2 comentarios:

Sandra Rodriguez dijo...

Me deja la sensación de que levantamos la mirada muy poco o peor aún que miramos sin ver.....Como siempre genial querido compi.

Anónimo dijo...

Me gusta tu blog.y como enfocas los microrelatos. Vendré aprender.A Esteban