miércoles, 30 de noviembre de 2016

Las vitaminas.





                           Ya debería estar acostumbrada pero cada día me cuesta más tener que levantarme tan temprano. No sé si lo que me está matando es madrugar, la rutina o saber que te echo de menos, aunque antes moriría que reconocerlo. Es irónico. Tantos años odiándote y publicando este odio por ti y ahora, esto. Nota mental: pedir hora en el médico para una analítica. Seguro que mis niveles de algo están bajos. ¿Qué dirían de mí mis empleados? Me ponen como ejemplo cuando viene otra mujer llorando por el cabrón de su marido. Perdón, es la costumbre. No es nada personal. Sabes que nunca hubo ese tipo de rencillas entre nosotros, que simplemente un día descubrimos que ni tú ni yo soportábamos más dormir en la misma cama, desayunar juntos y darnos ese beso de despedida cada mañana con el automatismo de dos vecinos que se saludan sin mirarse en el ascensor. ¿Qué les digo? ¿Que nos equivocamos? ¿Que cuando coincidimos en los cumpleaños de los niños veo en tus ojos la misma tristeza que veo cada mañana en los míos? ¿Qué ahora, a los cincuenta y tantos, después de diez años del divorcio, tu ausencia se me hace más insoportable que aquellos silencios? Sería el hazmerreír de todos. No, prefiero callar y seguir así. Levantándome temprano, muriéndome de cansancio, de rutina y, tal vez, de alguna vitamina que me falte.

1 comentario:

Rosy Robayna dijo...

Seguro que se le pasa eso de hablar sola desde que le digan el diagnóstico. Diez años intentado olvidar y otros pagando medicamentos para no tener demencias, es que somos "humanos"