lunes, 5 de diciembre de 2016

La visita.



                      ¿Hoy es jueves, verdad mi niña? Era la enésima vez desde que se levantó que había hecho la misma pregunta. Su vida se centraba en que llegara el jueves. El resto de la semana era una especie de trámite para ella. Comía, se aseaba, se vestía y permanecía sentada delante de la televisión sin apenas intervenir en las conversaciones de las demás esperando a que llegara la noche para acostarse. Así día tras día. Hasta que llegara el jueves. Ese día se despertaba impaciente para que le llegara la hora de asearse y vestirse, apenas desayunaba y se sentaba mirando hacia la entrada, impaciente, preguntando a todos los que pasaban por su lado si de verdad era jueves, temerosa de haberse equivocado empujada por el deseo. ¿Hoy es jueves, verdad mi niña? La asistenta se aleja para atender a las otras ancianas que la miran con un fondo de envidia en sus ojos casi glaucos. Todas tienen familia, pero no todas tienen la suerte de doña Marta que sabe que, aunque sea una vez a la semana, los jueves, tendrá visita.

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