miércoles, 28 de diciembre de 2016

Llegando al final.



                    Un ruido atronador, una llamarada fulgurante y después nada; solo cenizas calientes y una piedra al rojo vivo con un número para identificarlas. Eso es lo que quedará de mí cuando yo ya no sea yo sino un montón de carne muerta, solo materia inerte, un envoltorio vacío de contenido y de sentido. Y luego nada; silencio. Tal vez un vacío sin rencores ni envidias, sin pasiones o dolor, con la verdad desnuda y la eternidad -si es que ambas existen y no es otra gran mentira más- tan cerca de mí, que pudiera ser yo mismo.

3 comentarios:

Rosy Robayna dijo...

Si lo leo una vez más lloro. Qué egoísta puedo llegar a ser. Me has dado eh!

Ada Robayna Campos dijo...

Que bonito escrito, aunque triste reflexión.

Jesús Chamali dijo...

Muchas gracias por los comentarios y, sobre todo, por las emociones compartidas en ellos.