miércoles, 24 de mayo de 2017

Fin de semana romántico...


                  Estoy seguro de que me ama, aunque es demasiado tímida para decírmelo. Pero las señales que me manda son claras. Sí, sin duda me ama. Si no, ¿a qué vienen tantas sonrisas a la hora de servirme el desayuno? O ese corazón que me pone con crema en el café. No, está claro: me ama. Solo tengo que darle un pequeño empujoncito para que se decida y va a ser este fin de semana. Ya tengo la casita en el campo, con su huerta, su jardín, rodeados de montañas y de esa pequeña laguna. Un sitio alejado de todo y de todos para que pueda decirme, sin tapujos, que me ama. Estoy muy ilusionado. Esta vez es la definitiva, seguro, no como las otras. Mujeres casquivanas que coquetean sin amor y que me engañaron. Pero ella no; ella es sincera aunque no se atreva a decírmelo, seguro. Lo noto. Esta tarde la esperaré a la salida del trabajo, en el parking, y nos iremos juntos al campo. Eso es lo que precisamos: paz, tranquilidad, soledad; ella y yo sin más compañía humana en kilómetros. Voy a revisar una vez más los preparativos que llevo. A ver: comida de ese restaurante tan romántico, el ramo de rosas rojas, agua, vino, pelis, cinta americana, alambres de espino, el cuchillo grande, guantes de goma, el chubasquero, tres sacos impermeables, la pala... Sí, lo llevo todo. Hombre prevenido vale por dos, pienso mientras sonrío. Pero no, esta vez no es como las otras, esta vez no me equivoco: me ama.  ¡Verás,  cómo nos lo vamos a pasar este fín de semana, amor!