miércoles, 11 de enero de 2017

El todoterreno.



                          Nadie debía saber la verdad. Esa frase, repetida hasta la saciedad por Lola, sonaba una y otra vez en mi cabeza. Nadie, ¿me oyes?, nadie. Pero qué diablos pasaría si, al final, esto se hiciera público, si trascendiera lo que hemos hecho. No dejaba de preguntármelo pero Lola insistía: sería nuestro final, ¿comprendes?, nuestro final. Es verdad que Lola es bastante tremendista y normalmente no le hubiera hecho mucho caso, pero algo me decía que, esta vez, tenía razón. ¿Cómo íbamos a permitir que esto fuera de aquí para allí en boca de nuestros vecinos y amigos? Seríamos los apestados, el hazmerreír de todos. No, es mejor lo que Lola ha ideado. Total, al fin y al cabo, después de este viernes, jamás nos volveremos a ver con ellos. Mejor que nadie se entere de nada. Y cuando lo sepan, si llegan a saberlo, ya no estaremos ni en la isla. Porque, a ver, qué ganaríamos con hacer público que como nadie nos financiaba el todoterreno con el que Lola se había encaprichado acudimos a un prestamista, que nunca pudimos hacer frente a la hipoteca que nos hizo sobre el piso por el dinero que nos dejó, más un montón de intereses que, según dijo, era como si se lo hubiéramos pagado por adelantado el primer año, y que, como pasado ese año no teníamos esa cantidad, antes de que lo subastara, se lo vendimos por 18.000 euros en efectivo. Con ese dinero podemos empezar una nueva vida en otro lado y nadie tiene por qué dudar que lo vendimos por 180.000.- euros. Total, un cero más o menos... ¡Ay, Lola, qué sería de mí sin ti!

No hay comentarios: