lunes, 13 de marzo de 2017

El café.



                      Hoy encontré tu carta en la carpeta de "asuntos pendientes", en medio de las facturas del teléfono, de la luz y del agua, junto a viejos recibos de compras y a decenas de ideas anotadas en cualquier papel y de cualquier manera, a veces tan apresuradamente que ni yo mismo era capaz de entender lo que quise recordar. Pero tu carta no. Tu carta estaba escrita con ese cuidado y esa pasión que ponías en todo lo que hacías, con esa letra tuya, pequeña, redonda y cuidada; letra de colegio de monjas. No recordaba nada de lo que allí me dijiste. Solo fui capaz de recordar la emoción que sentí cuando la leí por primera vez, el cariño mezclado con cierto temor que teñía tu mirada cuando me la diste y el nudo permanente que llevé todo ese día en la garganta. No sé qué coño pasó. Tampoco sé qué hacía la carta -tu carta- mi carta, en medio de facturas y notas inútiles. Hace años que no sé de ti. Me pediste respeto a tu decisión, me pediste espacio, tiempo para saber de ti misma quien eras y qué querías. Y yo te lo di. ¿Qué podría haber hecho? Un padre ha de saber cuándo dar un paso a un lado para no ser ese portero de discoteca que impide el paso a la madurez de sus propios hijos. Años, en los que mi último recuerdo de ti fue el almuerzo en el que me diste esta carta como regalo del día del padre, dos besos en la cara y una lágrima que trataste de aguantar en tus ojos cuando me dijiste adiós dejándome sentado en el restaurante, con un nudo en la garganta, tu carta en la mano y la mirada perdida en el el café, helado ya a esa altura del almuerzo, que parecía ennegrecerse más y más a cada segundo que pasaba.

3 comentarios:

Yolanda Delgado Batista dijo...

¡Bravo!

Rosy Robayna dijo...

Triste, sigo pensando que es muy triste.

A. Quintana dijo...

Eso se "saber dar un paso a un lado" ,que importante es no solo con los hijos, sino con tu pareja, con los amigos, etc... me ha gustado