miércoles, 8 de marzo de 2017

Usurpadoras.



                  En algún momento me perdí. Dejé de ser yo para ser esa otra que ha usurpado mi vida. En algún momento, hace años, dejé de soñar y empecé a vivir cada día una pesadilla. Ese fue el día en que morí, cuando las decisiones las empezó a tomar esa otra ladrona de vidas con la que vengo cargando tanto tiempo, esa sombra extraña y que, poco a poco, día a día, ha ido cambiando hasta la cara, hasta que hoy, justo hoy, ya no he sido capaz de reconocer en esa imagen que me devolvía el espejo nada de mi yo; de aquel yo que algún día fui. Por eso quiero que usted, señor juez, al leer esta carta que encontrarán junto a mis cosas entienda mis razones y se las explique a quien me quiso con más delicadeza y menos emotividad de la que yo soy capaz hoy. Dígales que yo, mi yo actual, debía desaparecer para que así mi antiguo yo volviese a encontrase conmigo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No para que apareciera el hombre viejo de antes cuando más joven, sino para que se uniera al hombre nuevo que soy ahora más viejo. Parece un juego de palabras pero no: es la experiencia vital. Armando